
Breve crónica sobre el significado y tradición de la ceremonia de Velación de Muertos que se representa en algunas poblaciones de la entidad, y que han perdurado dentro del marco de su genuina naturaleza e identidad.
El ritual de velación de muertos, no constituye desde luego, una manifestación espectacular artificiosa y escenográfica; la vocación de quienes en un rasgo de creencia pagano-religiosa, la noche del 1o. de noviembre, llevan hasta el lugar donde yace la tumba de sus antepasados, la ofrenda símbolo de recuerdo y presencia a la memoria de sus seres fallecidos.
Por lo mismo, la actualidad implícita de quienes conforman el evento y la representación, es de profundo respeto, de veneración a los seres que materialmente ya no existen, y al recuerdo de lo que fueron.
La velación ha tenido un profundo arraigo en varios pueblos de la zona lacustre de Pátzcuaro, donde habitaron los seres de otras épocas y que siguen manteniendo con modalidades y ritos muy similares en lo fundamental, y con algunas ligeras variantes, según el comportamiento genuino de sus propias costumbres.
Esto ocurre si se observa acuciosamente en las diferentes ceremonias que se llevan a cabo en Janitzio, Jarácuaro, Tzintzuntzan, Ihuatzio, Tzurumútaro y Cucuchucho, localizadas dentro de la región del Lago de Pátzcuaro.
El ambiente de Janitzio y de los demás poblados en la víspera del día de muertos es de gran fiesta, hasta que empieza el lúgubre tañer de las campanas, al conjuro mágico de los sonoros bronces, las almas de ultratumba se presentan y los vivos se congregan ante los despojos mortales de los desaparecidos. Negras siluetas van apareciendo por doquier. Llenas de amor van llegando almas piadosas con las ofrendas, cortan flores, llevan dulces, consagran alimentos como: panes y frutos, etc. Con ellas erigen un altar sobre la tumba y se sientan resignadas a contemplar las llamas de los cirios y murmuran oraciones por sus muertos. A intervalos se arrodillan ante la cruz que indefectiblemente preside el rito, y quedan pensativos como evocando a los difuntos añorando su presencia.
Janitzio es una de las bella islas del Lago de Pátzcuaro, impresiona por la forma y belleza de sus construcciones donde sobresalen las blancas paredes con techos de madera y teja, diseminadas en forma disímbola por la Isla.
Tiene además, un nombre y celebridad debidamente conquistado por la celebración de -Noche de Muertos-, la noche del 1 al 2 de noviembre aunque la celebración es semejante en toda la región lacustre, se le han otorgado a esta Isla por antonomasia. Y refieren que en esta noche, surge la sombra de Mintzita, hija del Rey Tzintzicha, y la de Itzihuapa, hijo de Taré y príncipe heredero de Janitzio.
Locamente enamorados no pudieron desposarse por la inesperada llegada de los conquistadores. Preso ya el Rey padre de Mintzita, por Nuño de Guzmán, quiso la princesa rescatarlo ofreciéndole el tesoro fabuloso que se encontraba bajo las aguas, entre Janitzio y Pacanda. Y cuando el esforzado Itzihuapa se apresaba a extraerlo se vio atrapado por veinte sombras de los remeros que lo escondieron bajo las aguas y que fueron sumergidos con él. Itzihuapa quedó convertido en el vigésimo primer guardián de tan fantástica riqueza. Pero en la noche del día de muertos despiertan todos los guardianes del tesoro, al lúgubre tañer de los bronces de Janitzio, y suben la empinada cuesta de la Isla. Los dos príncipes, Mintzita e Itzihuapa se dirigen al panteón para recibir la ofrenda de los vivos, y las luces plateadas de la luna, los dos espectros se musitan palabras cariñosas y, a las llamas inciertas de los cirios, se ocultan de las miradas indiscretas.
Nadie interrumpa sus coloquios amorosos! Mientras tanto las estrellas fulguran interesantemente en las aventuras, las campanas tocan desesperadamente y el lago gime como un alma en pena...Cuando gobernaba el gran señor Tariácuri, consolidador del reino purembe, nació uno de sus nietos, hijo de Tanganxhuán I y se le rodeó en su cuna de flores de diversos y bellos matices y aromas, por lo que se le conoce en la historia con el nombre de Tzintziqui Pandacuare (ataviado de flores).
Al construir los purépechas las yácatas de Ihuatzio, gran santuario, centro de entrenamiento guerrero, de la danza y de la música, en el que se reunían cada plenilunio para honrar a sus deidades por varios días; para el cuidado, la conservación y el ornato de dicho centro, prepararon un grupo que se denominó Cucuchucho-adoradores de las flores-, con la actividad que se desarrollaban, algunos descendientes habitan aún en la ribera del Lago de Pátzcuaro.
LA NOCHE DE MUERTOS EN DIFERENTES LUGARES DE LA CUENCA LACUSTRE DE PATZCUARO
La Ciudad de Mechoacán-Pátzcuaro fue fundada como ciudad colonial por Vasco de Quiroga, en el siglo XVI en el mismo lugar en que el Rey Tariácuri había establecido su capital en los lejanos días de la gentilidad.
La primera impresión que deja Pátzcuaro al visitante es imborrable y puede decirse sin exagerar, que resulta por su topografía, su ecología, su desarrollo urbano y su encantador entorno, una población incomparable.
En toda la ciudad, de definido cuño hispánico, se percibe la inteligencia y la mano del primer obispo de Michoacán. El fundó aquí su hospital, su primera catedral y el famoso Colegio de San Nicolás Obispo (Germen de la Universidad Michoacana).
Vasco de Quiroga, también inició la construcción de un portentoso proyecto que no llegó a realizarse y del que solamente quedó la espaciosa nave central, que vino, con el tiempo, a convertirse en la Basilica de Nuestra Señora de la Salud.
Pátzcuaro posee mil y un atractivos, tiene una monumentalidad poco común, en donde la rusticidad de elementos constructivos se combina con un gusto exquisito por los espacios y singular señorío.
Aquí la Noche de Muertos tiene una significación más cristiana que pagana y la población se prepara para rendir culto a sus fieles difuntos o en los amplios atrios de alguno de los templos, se presentan conciertos con la música adecuada para la ocasión
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