
Aquí la virtud es perseguida, el vicio aplaudido,la verdad muda, la mentira trilingüe,el sabio no tiene un libro, y el ignorante librerías enteras.»- Baltasar Gracián. El Criticón.
A fines de la década del sesenta, se dio en la Argentina un gran estallido activista de todas las corrientes políticas de izquierda, y surgió por primera vez en la historia nacional, amparada y entrenada por Cuba, la guerrilla. Comunistas, marxistas, guevaristas y peronistas de izquierda dejaron de soñar utopías y pasaron a la acción, primero copando todos los medios de comunicación, volviéndose periodistas activistas para inculcar sus ideas en las descerebradas masas que conforman esta a veces muy lamentable nación, y tomando luego las armas para combatir contra la democracia (tras la expulsión de la Plaza) en un país en el cual el grueso poblacional ama demasiado la comodidad, el lujo, las jerarquías y la vagancia como para preferir un modo de vida comunista al del capitalismo comercial.Ante los secuestros en pos de financiamiento, los atentados, los asesinatos, y todos los actos de la guerrilla subversiva de pobres resentidos que deseaba acabar con las fuerzas de seguridad y tomar el poder mediante prácticas foquistas, más el desorden político del gobierno de Isabel Perón y la aparición de grupos paramilitares de extrema derecha, el Ejército se vio obligado a dar un golpe de Estado en su deber de restituir el orden, combatir contra la subversión, y traer un nuevo tiempo de seguridad al país. Las Fuerzas Armadas terminaron de ese modo, con unas rápidas pero sangrientas y contundentes acciones, con una ahora maliciosamente olvidada agresión comunista que llevaba ya años estragando la nación, y los grupos de guerrilleros armados que habían comenzado las hostilidades sufrieron una humillante y aplastante derrota que quedará perpetuada para siempre en las páginas más gloriosas de la verdadera historia nacional, muy distinta de la que nos venden desde hace años los medios, los historiadores de mala fe y el sistema educativo. Pero el Ejército, con su total impericia para la política y su dudosa formación cultural, cometió entonces enormes errores, y debió entregar el poder a la partidocracia demasiado pronto, sin haber limpiado del todo la ponzoña vertida por esos plebeyos resentidos contra el orden natural de las cosas.Así, los marxistas, que ya habían debido dejar las armas y sacar bandera blanca o huir del país, no pudiendo tragar su humillante derrota en el campo de batalla, volvieron a la carga, esta vez con micrófonos y máquinas de escribir, tergiversaron, modificaron y mutilaron toda la historia, se aprovecharon del poco criterio de un pueblo dominado por los medios masivos para crear opinión a través de éstos y de la enseñanza escolar, hicieron santos inocentes de los criminales y monstruos de los que los castigaron justamente, contándonos pueriles fábulas maniqueas, que insultan el intelecto y el sentido común de todo argentino, sobre militares asesinos que de la noche a la mañana salieron a perseguir cruelmente a pobres adolescentes sensibles que sólo querían un mundo mejor, introdujeron en la memoria colectiva slogans y cifras absurdas como "30.000 desaparecidos" (nótese cómo en el "Nunca más", en las cifras oficiales del Ejército y en las de muchos centros de estudios del exterior se mencionan cifras muy precisas que rondan, en general, los 9000 muertos –sólo unos 8000 de ellos desaparecidos, los demás muertos en combate–, pero que jamás se clavan en él ni en un estúpido número siempre redondo como ese "30.000" que en ningún caso hace alusión a 29.876 muertos, ni a 31.542, sino siempre, sí o sí, a 30.000 exactos...) o "500 bebés robados sistemáticamente", nos hablaron en contra de la dictadura y a favor de esta democracia que ellos odian pero necesitan para lucrar con los numerosos jóvenes consumidores de protesta social (olvidando que esa dictadura sólo había surgido para preservar a la primera frente a la amenaza que ellos mismos representaban de tiranías como las de Castro, Pot, Mao o Stalin, tiranías atroces y sangrientas a las que jamás veremos a los jueces, grupos y organizaciones comunistas falaz y eufemísticamente autoproclamadas defensoras de los "derechos humanos" repudiar o perseguir, sino más bien aplaudir), e iniciaron a través de todos los medios de comunicación (quien haya entrado a una universidad sabe que, si existe un periodista, escritor, filósofo, editor o cualquier otro profesional recibido que no sea marxista, es sólo como excepción) una exitosa campaña de desinformación (así como de propaganda sistemática a favor de la droga, la delincuencia, la homosexualidad, el desenfreno, el rencor, el terrorismo de izquierda, todo lo que degrade a la nación y les garantice así más votos a ellos, y en contra del Proceso, la policía y el orden, es decir, de todas las fuerzas de seguridad que los vencieron y que siguen siendo un obstáculo para sus sueños de una Cuba austral) que, sumada a la ignorancia y la poca inclinación o capacidad para pensar del repulsivo pueblo argentino, logró que gente de mi edad creciera creyendo en una mentira a la cual recién mi madurez, con la mayor fortaleza de entendimiento, juicio, e información que trajo aparejada, me permitió desmitificar, mentira contra la cual ahora, ultrajado por la farsa, grito.De modo que con Campo de Mayo reivindico, y tal vez soy el primer joven artista/hereje en hacerlo de este modo, algunos aspectos del Proceso y su represión ilegal (si es que puede existir algo ilegal en una guerra, más teniendo en cuenta que la represión legal y los enjuiciamientos políticamente correctos ya habían fracasado con la llegada de Cámpora al gobierno), a pesar de sus muchos y muy groseros errores; riéndome de esos "santos inocentes" desaparecidos, cuyas Madres, defensoras únicamente de los derechos sub-humanos, criminales y comunistas, y de todo lo que sea pavada y sinrazón, son demasiado bolches como para que yo crea que ellos fueron sensibles idealistas (¿cómo puede ser que supuestas defensoras de los "derechos humanos" no se avergüencen de haber criado hijos terroristas ni defiendan los derechos de aquellos a quienes los desaparecidos mataron, y encima sean tenidas como ejemplo de ética y lucha por la paz cuando manejan una universidad de comunismo –doctrina política que causó 100 millones de muertes en el mundo, lo cual deja al fascismo y al nacional-socialismo casi como cucos de cuentos de hadas–, festejaron el 11-S y reivindican impunemente el accionar de la ETA y las FARC?), y algunos de los cuales reaparecen cada tanto por el mundo (o por la Corte Suprema) acaso con parte de los cientos de miles de dólares que se les dieron como indemnización (o financiamiento activista estatal, pues no hubo ni una indemnización para los cientos de víctimas del terrorismo) a sus hijos sorprendente y casualmente marxistas (y no cuento el dinero que siguen ganando éstos con sus copiosas películas, universidades, revistas, libros, cargos públicos y activismo periodístico y político, mediante todo lo cual siguen falseando la historia que la Argentina repite como autómata); y lanzando así, por medio de la verdad y el abrir ojos, un perdurable desafío contra la mala información y la subversión cultural desarrollada durante décadas, que no deja de influir en el pensamiento de los jóvenes argentinos, todos devenidos así abierta e impúdicamente zurdos, drogadictos, gays, feministas, enemigos incondicionales de la policía, el orden, los límites y el respeto a todo lo solemne y encumbrado (¡cómo odia, y con qué amargo odio, la baja izquierda todo lo grande y excelso, todo lo antiguo y glorioso!), así como hasta defensores del derecho al crimen de todo comunista que se camufle en un piquete (pero admito que a una nación que levanta museos a la guerrilla ya no le es lícito en modo alguno quejarse de los asaz mansos piqueteros, por lo cual retiro estas últimas palabras; sólo nos queda esperar a que tomen las armas y empiecen a matar gente para que dentro de treinta años se les aplauda como a héroes y se les haga otro museo a ellos bajo el slogan de "jóvenes luchadores sociales idealistas, injustamente perseguidos, que sólo soñaban con un mundo mejor").En pocas palabras, así como, cuando un paciente presenta gangrena en un tobillo, el médico debe tomar la difícil decisión de amputar esa pierna a fin de salvarle la vida al doliente, incluyendo algunas partes aún sanas de ella, del mismo modo un buen estadista debe proceder con su nación, por dura que la medida pueda parecer, cuando una parte de ella amenaza la vida y el funcionamiento del resto; así fue como se obró durante el Proceso para curar el cáncer que se había desatado en los setenta; mas la nación ignorante no agradece su vida y su actual salud, sino que llora por la pierna perdida y maldice al médico, ignorando que sin él hoy todavía tendríamos guerrilla y grupos paramilitares como Colombia, y que los muertos que seguiríamos sumando a diario ya ascenderían acaso a cientos de miles (cfr. Tablada: decenas de muertos por haber dejado vivo sólo a Gorriarán Merlo). De modo que la a menudo asquerosamente descerebrada sociedad argentina (¿o debo decir porteña?) condena hoy la mayor fuerza en lugar de la culpa: mientras el ejército victorioso es, a causa únicamente de su misma victoria y no de sus tristes errores, repudiado por todos y está preso o camino a la condena, el ejército de las "víctimas", aquel que comenzó las hostilidades, aquel que agredió a su patria, y que de haber tenido más poder no habría sido menos cruel que el vencedor (por ejemplo, asesinando a los hijos del enemigo en lugar de "robándoselos sistemáticamente" para darles amor y educación bajo el estúpidamente piadoso convencimiento de que ellos no tenían la culpa de los actos de sus padres), está, en cambio... contando billetes y gobernando la nación.La guerra no ha, por ende, acabado, puesto que esos mismos subversivos que en los setenta tomaron armas para agredir la democracia ahora se hallan en el poder de manera legal, amparados por la ignorancia y la idiotez de un pueblo incapaz de ver más allá de sus bolsillos y de sus vulgares intereses de gente pequeña, aseguran que de golpe se acordaron prodigiosamente de amar al sistema y a esta falaz democracia más que nadie, y rezuman en cada uno de sus demagógicos actos la más amarga de las venganzas, ya removiendo a toda la cúpula militar en el primer día de gobierno; ya cambiando a los antiguos miembros de la Corte Suprema, bajo el pretexto de traer transparencia, pretexto nacido del rencor anti-menemista de todo el pueblo de fracasados, por gays y ex-desaparecidas de la dictadura a fin de que anulen las leyes de amnistía, aseguren el éxito de la ya avanzada revolución gramsciana pro-abortista y hedonista funcional al ultra-capitalismo hebreo-protestante del Norte que subsidia a la bananera izquierda del Sur que lleva dicha revolución adelante, y fallen siempre a favor de la izquierda y del crimen creando una nueva corriente relativista de derecho socialista, en contra de todo sentido común, donde sea el marxismo quien decida qué es crimen y qué no; ya poniendo a todo montonero o asqueroso subversivo que quede vivo en el gobierno; ya exhibiendo todo tipo de retórica condenatoria al Proceso en nombre de unos derechos humanos que, vaya olvido, ellos mismos fueron los primeros en violar, como siempre los violó en todas partes del mundo el comunismo que defienden; ya haciendo una vez más de las universidades estatales, verdaderos centros de adoctrinamiento socialista, una excusa para subsidiar al marxismo antes que para educar y dar un futuro al pueblo; ya empujando a todo periodista que quiera comer a tatuarse el Che en el brazo, y poco menos a todo militar que quiera seguir en las fuerzas; ya erigiendo enormes museos al rencor de los derrotados; ya cambiando escudos nacionales por banderas rojas, etc. A todo esto se suma la cada vez más abierta aparición de grupos comunistas que, escudados bajo el disfraz de la protesta social, cortan calles no por el hambre y el desempleo, sino para mantener vivo el espíritu de la lucha de clases y de todas las doctrinas ideológicas y mentiras dócilmente consumidas y obedientemente aprendidas de memoria por los cuadros leninistas y trotskistas que los dirigen, grupos que, amparados por el gobierno mismo, ansían tomar el poder, lo que acaso esté llevando de a poco al país a revivir nuevamente la década del setenta, o a recordar demasiado tarde el valor de aquellos que defendieron entonces la patria.La guerra no ha acabado, repito; el pasado, a causa de todas las mentiras y mala información propagadas por los mismos que gritan "Nunca más", amenaza con repetirse, o peor, amenaza con terminar esta vez en la victoria de los enemigos de la nación, motivo por el cual un evento como Campo de Mayo era un deber, aunque difícil y osado, para la conciencia de una Argentina aún pensante. Yo fui el que decidió tomar el riesgo y aceptar el desafío, aun cuando sé que nadie se atreverá jamás a seguirme. Es mi deber para con la verdad y para con un orgullo siempre ávido de asumir, en absoluta soledad, causas que derribarían a cualquier otro hombre. Hice esto porque comprendí que yo era el único en toda la música extrema que podía hacerlo. Y si por decir la verdad muero como un hereje en una hoguera o desaparezco, que nadie se ponga un pañuelo blanco en la cabeza ni llore por mí: moriré orgulloso de mi destino, como debo.
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