La Policía de la Brigada Criminal andaba tras este hombre desde diciembre de 1994, fecha en la que es descubierto en un apartamento de la Bastilla (Francia) el cuerpo sin vida violado, estrangulado y apuñalado de Agnés Nijkamp, una decoradora de 32 años de edad.
Unos meses más tarde, en junio de 1995 se presentaba en el cuartel de la policía una joven con una sorprendente denuncia. Decía que el hombre que estaban buscando la había seguido hasta su casa, en la Bastilla y que había conseguido librarse de milagro de ser asesinada.
Tan sólo un mes después continuaba la crónica negra con el descubrimiento de otro cadáver, esta vez el cuerpo era el de Helena Frinking, una estudiante de 27 años asesinada en su propia casa.
En cada crimen el asesino parece tomarse su tiempo, considerando el acto como una especie de ritual siguiendo en cada ocasión unas pautas determinadas. Corre un riesgo, - que no parece importarle - quedándose de dos a tres horas con cada una de sus víctimas para, lentamente atarlas, torturarlas, matarlas, descansar, comer algo y fumarse un cigarrillo antes de irse con algún trofeo, pequeños objetos sin mucho valor que roba en prueba de su éxito y dominio sobre la víctima.
Huellas digitales y código genético
En julio de 1995, los agentes de la Brigada Criminal ya disponían de pruebas materiales muy concretas halladas en el lugar de los hechos de las tres agresiones: sus impresiones digitales, las huellas de su pie - en dónde curiosamente se ve que uno de los dedos es extremadamente largo -, unas colillas de cigarrillos rubios ultra light, y finalmente su código genético.
Además, los testigos son capaces de describir al asesino, permitiendo así establecer un retrato robot lo suficiente aproximado, pero nadie es capaz de identificarlo. Los vecinos no reconocen a nadie que se parezca al retrato, lo que prueba la meticulosidad de Georges y su cautela en tanto que asesino organizado, en contraposición al poco cuidado a la hora de "olvidar" las demás pistas.
Así, para no crear una innecesaria psicosis en el vecindario, las investigaciones se van llevando a cabo en una total discreción sin que el criminal vuelva a matar, hasta que poco a poco el caso se va olvidando en los archivos sin el menor resultado positivo.
Dos años después, se cometen otros dos asesinatos consecutivos y con las mismas características que los anteriores. El cuerpo de una estudiante de 19 años es descubierto en su apartamento el 23 de septiembre con brutales marcas de estrangulación y violación, así como Estelle, una joven secretaria de 25 años... ambas muy cerca de la Bastilla. Sin lugar a duda es el mismo modus operandi.
Estos nuevos crímenes provocan una alarma general, por lo que el juez Gilbert Thiel y la policía se ven obligados a abandonar la estrategia de mantener en secreto la investigación, publicando un retrato robot del criminal más perfeccionado que el anterior y poniendo un teléfono permanente a disposición de cualquier testigo que les pueda facilitar alguna pista.
Al encontrarse otros tres cadáveres también de chicas jóvenes apuñaladas, y al relacionar con el mismo asesino otros tres cometidos en 1991 y 1994 en un parking público, los familiares de las víctimas empiezan a manifestarse abiertamente y la investigación se intensifica. Los vecinos, ellos, están más alerta que nunca.
Finalmente el 26 de marzo de 1998 delante de la boca del metro Blanche, Guy Georges es interpelado por dos agentes de la unidad de investigación de la 2ª División de la Policía Judicial sobre las 12 h 30 gracias al retrato robot. Guy Georges sale del metro escuchando música en un walkman cuando los policías comprueban atónitos que la foto distribuida por la Brigada Criminal corresponde en todos sus trazos con ese hombre. Los policías lo arrestan sin que Georges opusiese resistencia alguna, al contrario, mostrándose amable y con cara de no haber roto un plato en su vida. Al verificar su identidad reconocen que es el asesino en serie que estaban buscando, y es inmediatamente puesto en manos de la Brigada y el juez Thiel.
Guy Georges, 35 años, nacido en Angers (Francia) de padres desconocidos y de origen antillano, sin profesión ni domicilio conocidos, era ya conocido en el ambiente policial por sus numerosos antecedentes.
La policía ya disponía de sus huellas genéticas tomadas durante unas detenciones anteriores. Finalmente la comparación entre el ADN archivado y las muestras recogidas en los cadáveres aportó la clave.
Las víctimas - jóvenes, guapas e independientes - presentaban un corte en el mentón, una cuchillada espectacular pero no mortal en la garganta y golpes como de un punzón en la carótida. El asesino se llevaba de las casas objetos de valor, pero sobre todo recuerdos fetichistas.
La policía controlaba cinco lugares por donde solía dejarse caer: el domicilio de sus padres adoptivos, la oficina donde cobraba el subsidio, centros de acogida para personas en dificultad... hasta que por fin lo atrapan.
Lo más curioso es que el sujeto había estado en comisaría en fechas recientes por el robo de un scooter, pero le soltaron sin relacionarle con otras causas.
Condenado por más agresiones sexuales
La mayoría de las personas que lo conocían, coincidían en lo mismo: "Era un chico educado, muy tranquilo y solitario. Sé que sufría algunos traumas psicológicos por su infancia difícil... pero... "
Abandonado por sus padres, vive con unos adoptivos ya mayores con quien no tiene lazos muy sólidos. A menudo visitaban unos asistentes sociales quejándose de que no podían controlar el comportamiento rebelde del joven Guy.
Desde muy pequeño empieza a robar. En 1982 había cumplido una condena de seis meses en la cárcel de Fresnes por robo y amenaza con arma. Luego otros cuatro y dieciocho por asuntos diversos en un centro correccional de París.
Su primer crimen lo comete en una de sus salidas condicionales. Agrede a una mujer que se disponía a buscar su coche en un parking subterráneo cuando se ve sorprendido forzando la cerradura de un vehículo con un cuchillo. Amenazándola, la obliga a tumbarse en el asiento trasero de su propio coche, y cuando la joven trata de poner oposición, recibe un corte profundo en el cuello. Luego la abofetea, pero la joven consigue escapar a duras penas y avisar a una patrulla de vigilancia mientras el agresor sale del parking a toda prisa. Al poco tiempo es identificado y condenado en julio de 1985 a diez años de reclusión criminal.
Intenta fugarse sin éxito, por lo que le caerían ocho meses suplementarios.
Una larga lista de condenas y estancias en distintas prisiones - que podrían explicar los intervalos de tiempo entre cada crimen - por violencia, robo, agresiones sexuales y finalmente asesinatos...
Los investigadores solicitan la creación de un fichero de ADN
La huella genética representa la "firma" cromosómica de cada individuo, y desde hace algunos años se trata de decodificar en laboratorio las pistas de restos orgánicos: pelos, sangre, esperma, orina, huesos o dientes...
Este método, descubierto en 1984, es cada vez más utilizado por la policía y los magistrados. Cada año se realizan unos dos mil análisis en materia criminal y de paternidad, con muy buenos resultados. Los expertos son capaces, en un espacio de 48 horas de identificar a un sospechoso con un simple test de ADN.
Este tipo de ficheros se encuentra ya disponible en Gran Bretaña, con una cifra de más de 187000 nombres. En Francia, su creación depende de una votación en el Senado, y mientras la policía se ve obligada a trabajar buscando las huellas que necesitan en los distintos laboratorios que las conservan.
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